El Blog de Marco Polo Pérez Xochipa

martes, 23 de junio de 2009

El regreso al tiempo de los Pingüinos

En el tiempo de los pingüinos ya no pasa nada, nada que no sepas que pueda pasar, ya no hay sorpresas ni sobresaltos, todo se vuelve familiarmente extraño y circular, con finales donde deberían estar los inicios.
En este tiempo te mueres un día un poquito más, te enriqueces al llenarte y te enriqueces aún más al vaciarte.
En el tiempo de los pingüinos estas solo, porque es prácticamente imposible que alguien se atreva a estar contigo. En ese tiempo nadie te quiere, es el tiempo en el que nadie te extraña, y si alguien lo hace tú ya no lo sabes, y si lo supieras ya no te importaría.
En el tiempo de los pingüinos comienzas a desandar los caminos recorridos, la gente que quieres se vuelve extraña y comienzas a extrañar a aquellos que quieres.
En esta temporada la memoria empieza a fallar, todo lo que creías saber se te olvida y de pronto ya no sabes nada. Y es precisamente en este tiempo cuando ya no tienes nada, cuando todo lo que creías poseer se va, lo pierdes, desaparece. Y quedas perfectamente vacío y listo para comenzar de nuevo.
En el tiempo de los pingüinos llega a doler la muela, las rodillas y los músculos intercostales del lado derecho. En este tiempo los espejos se vuelven opacos, sólo reflejan miradas que no siempre suelen ser las tuyas.
En el tiempo de los pingüinos se camina por inercia, y el único rumbo que se reconoce es el que ya haz comenzado a andar, y te percatas del lugar cuando ya estás ahí, cuando se llega sin saber cómo se llegó.

En este tiempo las gesticulaciones, las risas y las lágrimas sólo se imaginan, se dan por dentro, se expresan sin que nadie las note; así como las posturas que se vuelven prolongadas y las respiraciones son prácticamente imperceptibles.
En ese tiempo la gente feliz lo es en gran parte gracias a tu ausencia, con la diferencia de que ellos no lo saben, y a ti no te interesa que lo sepan.
El tiempo de los pingüinos es diferente a los otros porque te guardas, te repliegas, vuelves mentalmente a adoptar una postura en lo que lo único que logras abrazar son tus rodillas.
Y es de los pingüinos porque llega a haber tantos que te duermes con ellos, convives con ellos, te vuelves uno de ellos, tanto que el frió quema y es esa quemadura lo que entibia la piel, lo que le da calidez. En esos tiempos los pensamientos son incoherentes, y la mayoría del tiempo el color que predomina dentro de ellos es el blanco, como el frió, como la nieve, como la nada.
En este tiempo, en el de los pingüinos, lo único que duele es la mirada de ternura de los demás, las buenas intenciones de los otros, las sonrisas del pasado provenientes de las fotografías, los abrazos que te llegan a regalar los extraños.
Durante todo el tiempo de los pingüinos tú serás tu propio enemigo y tu único aliado contra ti. En esta temporada tus manos pierden fuerzas para retener, tus pasos dejan de seguir a otros, tus brazos guardan memorias, te da por olerlo todo.
En esta temporada el silencio será una iniciativa, un recurso que no cambiará las cosas, que sólo contribuirá a más silencios y aún así lo tomas.
En el tiempo de los pingüinos dejas de cumplir años, ya no los necesitas, te queda claro que la edad cronológica sólo estorba y no siempre suele ir a la par con otro tipo de edades. Y entonces sientes que la gente no debería medirse en años, en vueltas alrededor del sol, que deberían de dejar eso a los calendarios, dejar de fragmentarnos en meses, de diluirnos en horas; en general, en esta época se comienza a dejar esa rara costumbre de medirnos a nosotros mismos y dejar que otros también lo hagan.
Pero si dadas las circunstancias, si no quedara de otra, si se tuviera la necesidad de hacerlo, de medirse y de cuantificarse, entonces, en la época de los pingüinos, te comienzas a medir en lágrimas, en miradas, en dolores, en risas, en acostadas en el pasto, en rodadas en la nieve. Te comienzas a medir en alegrías, en encuentros, en deseos, en pérdidas, en palpitaciones, en regresos, en gritos, en ausencias.
Hoy comienzo a vivir en el tiempo de los pingüinos, donde te ríes sin saber porqué, donde te vuelves totalmente predecible, donde todo vuelve a ser nuevo y asombroso, donde el transcurrir de los días se vuelve tan lento que no te da tiempo de hacer nada. Entrando en este tiempo, en el de los pingüinos, los festejos se dan todos los días, a todas horas, siempre solo y en silencio.

En el tiempo de los pingüinos dejas por fin de saberlo todo… en el tiempo de los pingüinos te conviertes en una persona perfectamente olvidable.

Aquí te liberas de todo, menos de ti. Y es precisamente en este tiempo cuando te sueltas… y cuando te sueltan.


Bienvenidos al tiempo de los pingüinos


Original del 30 de Junio de 2006

1 comentario:

  1. Hola Polo, He llegado a la conclusión que me encanta como escribes ;-). La elocuencia de las palabras y la estructura de las ideas, pero sobre todo el contenido.
    Me ha encantado saber que soy un pingûino más (pensaba que solo a mi me pasaban ideas de este corte por la cabeza),me ha encantado pues saber que he cambiado de estado para establecerme en una ventana atemporal, donde lo que importa son los aprendizajes, el crecimiento personal que traen las experiencias y el cumulo de instantes felices que se atesoran como recuerdos. Antes evualaba el entorno respecto a mi vida y mis experiencias , creia que todos se tomaban asi mismo como referencia respecto al resto, hace poco comprendi el secreto de la linea que hay entre la felicidad y la tristeza. Y es como tu bien dices evaluandose respecto a uno mismo, uno es su mayor enemigo o su mejor amigo, uno mismo es quien decide hacer cosas que reflejan que uno a dejado de amarse y respetarse o hace cosas para honrar su alma.
    Me gusta esta época y ser feliz viendo una jacaranda llena de flores, o encantada por el rostro de un pequeño cuando descubre algo, me encanta disfrutar de la lluvia o de un atardecer, me encanta disfrutar de estar conmigo misma en soledad. Gracias por compartir el texto.

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