El Blog de Marco Polo Pérez Xochipa

viernes, 18 de junio de 2010

Que Saramago desde donde esté, vuelva a tener la razón...

Si es que los regresos son ilusiones, las despedidas lo son aún más...

Son las nueve de la mañana y llueve como si fueran las siete de la noche, las nubes no dejan pasar más que los reflejos del sol, el cielo se ve blanco, como la ceguera de la cual nos habló en su ensayo, esa ceguera que nos hizo ver mejor las cosas.
Recuerdo que era noviembre, fue la última vez que caminamos juntos y donde pensaba que al día siguiente que volviera a caminar por ese mismo lugar ella ya no estaría ahí acompañandome; perpétuas ausencias, una idea muy de Saramago... (eso es lo malo de andar compartiendo tus lugares a lo wey, te los terminan contaminando) Antes de irse tenía que darle algo más que un último abrazo, entonces y para esos frios nada mejor que mi bufanda, fue cuando mientras la veía alejarse pensaba como sería en ese momento una última muestra de arrepentimiento esperanzador, entonces detuvo su coche y me llamó, fué así como en lugar de un "subete y escapate conmigo" llegó a manera de epílogo el último de sus regalos, lo más tangible para sobrevivir a un futuro sin ella, era un viaje en elefante, el último libro de Saramago en ese momento, el cual hasta hoy me pone a pensar (de nuevo) si es que es verdad que siempre acabamos llegando a donde nos esperan... ojalá así sea, hoy no deseo más que eso.

José Saramago tiene la culpa, él fue que me hizo pensar en todo esto, quien me sembró la idea y hoy se fue. ¿Que pasaría si de pronto todos nos quedáramos ciegos? ¿Y si hubiera alguien exactamente como yo en otro lugar? ¿O si un día la muerte no llegara para nadie?... Y al final cuando no puedo ni siquiera imaginar cómo sería todo eso, él llega y lo resuelve todo, lo expone de tal manera que entonces todo es posible, todo es creíble.

Que mejor manera de enterarnos de su muerte en un día que el cielo esta tan blanco como él lo veía cuando cerraba sus ojos.

1 comentario:

  1. En mi primera visita a Puebla! estaba sobre un balcon, y veia ir y venir a las personas... quizas me preguntaba ¿cual sera la diferencia entre quienes viven en mi lugar de origen y mis posibles (en su momento) nuevos vecinos los poblanos? (aun continuo con esa interrogante) pero... enseguida, caminando solo con su alma, vi a un ciego caminar lentamente, y observe que se detuvo, en el lugar presciso, ni un centimetro mas ni menos, antes de cruzar la calle, espera pasar un auto, y sigue su camino, y entonces pense: ¿como sabe el ciego que debe c ruzar la calle? pueden fabricarse muchas respuestas logicas... pero aun continuo sin respuesta!


    (haciendo referencia al hecho, de que todos quedaramos ciegos)

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