El Blog de Marco Polo Pérez Xochipa

jueves, 22 de marzo de 2012

Cuando te sueltas 1/7

"Cuando te sueltas" fue hace 9 años uno de los cuentos más emblemáticos que he podido escribir, fue creado a partir de una imagen que llegó de la mano de una simple frase dicha por Kelsang Sukha, una monje budista que conocí hace años: "suéltate, la vida realmente comienza cuando te sueltas"... Pero lo más significativo fue el haberme inspirado en mi hermano. Es así como después de 4 años de blog y cerca de las 10000 visitas, quiero celebrarlo con un cuento en 7 partes, con uno de los escritos que ha sido resultado directo de uno de los aprendizajes más dolorosos pero significativos: Hay que perder para encontrar
Hoy más que nunca lo creo así
Gracias.

I

“El regresar de algún lado debe ser hermoso, regresar volando, cómo me gustaría tener esa sensación de que estoy regresando al lugar de donde soy, quizá para eso primero tenga que irme...” Eso fue lo último que escribió Pedro cuando aún podía ver.
Recuerdo que fue en el año en que murió mi padre, nunca mi vida se había desorganizado tanto como en aquella vez, los conocimientos de segundo año de medicina no me fueron suficientes para ayudarlo contra esa terrible enfermedad que poco a poco lo iba consumiendo. Ahora me encontraba sólo, sin ningún lugar a donde ir, con sentimientos de culpa que no me dejaban dormir. Ahí fue donde todo comenzó. Recuerdo también que tuve que buscar una pensión para estudiantes y dejar el apartamento que alquilaba, mi vida daba un giro, por primera vez tenia que limitarme como nunca lo había hecho, y entonces encontré ese lugar, descrito en un pequeño papel amarillento pegado en un poste de luz: “pensión para estudiantes, sin alimentos”. Al llegar a ese lugar pensé que ya estaría ocupado, habían pasado ya varios días en lo que me decidía a ir, pero después me di cuenta que no, que nadie podría interesarse en un lugar como ese. Fue entonces que toqué la gruesa puerta de madera obscura y apolillada, digna de ese edifico húmedo con escaleras de piedra he incrustaciones de azulejos amarillos y azules en los escalones, dentro de esa pequeña vecindad que nunca pensé habitar hasta ese día. Varias fueron las veces que pasé frente a ese edificio y nunca me imaginé viviendo en él, pensaba que estaría abandonado, que adentro sólo viviría gente sola, no me equivoque.
Al primer golpe se escuchó el ladrido de un perro, al segundo golpe la puerta se abrió. Ahí estaba él, asomando solamente la oreja, con la cadena de seguridad a la altura de mejilla, preguntándome qué se me ofrecía. Cuando supo para qué estaba ahí la puerta se volvió a cerrar y después se abrió completamente. Por dentro la casa se veía más grande aún, quizá era por los pocos muebles que había, aunque intentaba estar limpia algunas hojas secas de árbol que entraban por una gran ventana se esparcían por el piso. El perro que había ladrado se acercó despacio para olerme la mano, cojeaba de su pata trasera. La única luz que entraba era la de una ventana que daba directamente a la calle, desde ese tercer piso. Nada estaba fuera de lo normal, después de un tiempo todo comenzaba a volverse acogedor, después de todo quizá podría vivir un tiempo ahí, pero sólo un tiempo.

Su nombre era Pedro, nunca olvidare la forma en cómo lo mencionó, fue de tal manera que no había necesidad de preguntar más. Caminó frente a mí con paso lento y con un movimiento de su mano me invitó a sentarme en la sala, en ningún momento pareció mirarme, fue hasta que lo tuve enfrente que lo descubrí, no sé si es porque estaba distraído mirando la escasa decoración del lugar o porque él se desenvolvía tan bien. Pedro estaba completamente ciego. Mientras la música de Schubert comenzaba a envolverlo todo, empecé a creer que había cometido un error al acudir a ese lugar. ¿Quién podría vivir con un ciego? Definitivamente algo que no estaba dispuesto a hacer era cuidar de un invidente, no en ese momento, no con tantas cosas que tenía encima. Entonces pensé en ser cortés he irme cuanto antes, pero creo que Pedro imaginó gracias a mis largos silencios mi sentir y se me adelantó, no debía suponer que él necesitaba de un enfermero, era evidente que se sabía valer perfectamente por sí mismo, y antes de poder disculparme por lo que no dije pero sí pensé, se levantó y caminó perfectamente hasta tomar una jarra con agua que estaba sobre la mesa, el perro desde su esquina sólo levantó la cabeza para vigilar el certero movimiento. Me dijo que no me cobraría alquiler, que si le gustaba el lugar podría tomarlo, y que sólo pedía a cambio que le leyera su correspondencia y algunas otras lecturas en voz alta de una hora diaria. Todo me pareció muy excéntrico, pero después de dar otro vistazo a lo que me rodeaba, incluyendo la atmósfera que Schubert ya había creado, lo fui comprendiendo, realmente no era nada del otro mundo, y para mi situación era lo mejor.


Segunda parte: http://leerparacreer2010.blogspot.mx/2012/03/cuando-te-sueltas-27.html

1 comentario:

  1. ya tenia mucho que no me daba el tiempo de leer tu blog, un placer y espero las demas partes del cuento ... y felicidades por las 10000 visitas .. saludos .. Rebe :D :P

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