El Blog de Marco Polo Pérez Xochipa

miércoles, 30 de mayo de 2012

Cuando te sueltas 3/7

III





Pedro no era tan viejo como parecía, sólo que su lento desplazamiento y la barba lo envejecían, de uno de sus antiguos trabajos había rescatado la habilidad para escribir a maquina, ahora se dedicaba a redactar cartas para las personas que no sabían escribir, usando otra ruidosa maquina que le prestaban en los portales del parque frente a la presidencia municipal. Era lo que algunos llamaban evangelista, pero él no le daba importancia al nombre, desde que su vista lo había dejado más solo de lo que ya estaba, poco le importaba el nombre que las demás personas le daban a las cosas.
Por la noches, lo miraba llegar a la casa, entre tantas cosas que me asombraban era el que la casera no le hubiera cambiado las chapas de la puerta por deber tantas rentas atrasadas, a alguien tendría que agradecer la tolerancia que le regalaba tan pesada vieja. Lo otro que también me dejaba pensando era el que Hemingway lo siguiera prefiriendo, aún con lo mal que le daba de comer, estoy seguro que eso Pedro siempre se lo agradeció en silencio, y sé también que Hemingway lo entendía.
Pocas veces pude ver la habitación de Pedro cuando él estaba adentro, tan pronto se metía cerraba, entonces yo intentaba imaginar lo que ahí pasaba, lo que sentía, el cerrar detrás de él la puerta y tirarse en su cama, entonces comenzar a caer sin saber que se cae, sentir sin saber qué es exactamente lo que se está sintiendo. Pero para ése momento él  ya no era él, él ya no estaba ahí, tan sólo era su holograma, una imagen que ya no pertenecía a la suya, cansado, desganado, devastado al igual que su  pobre cama. Ahí estaba, solo, y tan sólo esperando que algo también se cayera, que algo le llegara de algún lado y de cualquier parte, expectante y sereno, respirando y fijando imágenes en su mente, procesando todo cuanto cabía en sus abiertos ojos vacíos, en su aliento. Estoy seguro que los recuerdos le eran tantos y tan continuos, que no había ningún tipo de separación o espacio entre ellos, ahora todos se amontonaban, se aglomeraban y confundían. Y en medio de la pared sólo una ventana entreabierta daba fe de una vida que pasaba afuera, ajena, lejos de él, esa era la única vía que la luz de la luna hacía válida para hacerse tangible, quizá lo único tangible y real en esa habitación. Si cada pensamiento que Pedro tuviese en ese momento hubiera sido de color negro, su cuarto y toda la casa no serían más que penumbras, en donde sólo él sabría cómo y por donde moverse, tal como todo el tiempo pasaba en su vida. En medio de una oscuridad como esa, el semblante de Pedro era sereno, parecía decir que en ese momento podía morir, que no tendría problema en que eso pasara, en ese momento nada lo ataba a este mundo. Pero por algún motivo aún no era así. Finalmente, cuando el viento golpeaba más fuerte y apagaba su vela, Pedro se quedaba dormido. 
Por las mañanas al salir de mi recamara me lo encontraba sentado en su sofá, de las misma manera en cómo la luz del sol se lo encontraba a diario al entrar por la ventana, con una mano descansando en el sillón y la otra acariciando a Hemingway. Al escucharme nunca me daba los buenos días, me ataba a una conversación que parecía habíamos dejado inconclusa la noche anterior, sin que yo entendiera exactamente a qué se refería, entonces no me quedaba más que escucharlo. Me decía que no había noche ni día, por lo menos no para él, que sólo existía la gente dormida y los despiertos con ganas de dormir, eso era la diferencia en todo. Cuando Pedro tenía sueño dormía, no importaba mucho qué hora del día fuese. La otra diferencia era que en las madrugadas despertaba y hacía su vida como si todo fuera normal, pero ya sin alguien, todos dormían, estaba solo. Yo siempre pensé que no existía diferencia en eso, que Pedro caía en el sueño en el momento siguiente al de un pensamiento lucido y despierto, mientras que para los demás se cierran los ojos y se comienza a dormir, para Pedro no había tal diferencia, yo creía que él entraba y salía de los sueños en medio de un camino de oscuridad que nunca dejaba de recorrer, y quizás era así, pero no siempre, la gran diferencia era que cuando Pedro dormía era cuando la luz llegaba a sus ojos.



Capítulos anteriores: 
Cuando te sueltas 1/7 http://leerparacreer2010.blogspot.mx/2012/03/cuando-te-sueltas-17.html

2 comentarios:

  1. tienes una imaginación mágica con unas manos mágicas... y con esa magia me permito viajar hacia cada capitulo, puedo ver lo que decribes, puedo imaginar el olor de esa casa de huespedes tan sobria y tan fria... y me hace a la vez recordar ciertos pasajes de mi vida que me hacen estremecer...

    ResponderEliminar
  2. jaja perdon la rebuznancia no es imaginacion magica es una mente magica jajajaja es que te digo... me dejas perpleja

    ResponderEliminar