VI
Pero lo mejor de todo era cuando Pedro se quedaba dormido, ahí ya no existían limites ni diferencias con las demás personas, quizá dormidos todos somos iguales. Ahora todas las formas, colores y figuras estaban en sus sueños, ahí dejaba de ser ciego, ahí ya no había oscuridad, todo lo recordaba exactamente como era, y cuando no recordaba algún detalle, lo inventaba; su imaginación coloreaba lo que ya había escapado a su recuerdo. Con el tiempo muchas veces llegó a cambiarlo todo en su memoria, cuando ya no recordaba nada, cuando quería que las cosas fueran diferentes. Así pues pintaba el mar de morado, el cielo se volvía verde, todo en su mundo era diferente y me imagino que hermoso, pero repito, lastima que se le hiciera tan difícil explicarlo. Creo que lo mejor de la ceguera para Pedro, era que se veía a si mismo como él quería.
Pedro me incitó tantas veces a escribir pero nunca me gustó, se me hace innecesario cuando es posible mejor hablar, aparte que siempre he tenido problemas de redacción. Siempre contengo las letras seleccionándolas y deteniéndolas, unas las consigo resguardar, otras se me escapan y no es mi voluntad que así sea, pero sí mis ganas de que sean leídas. Rondo las ideas y espero que salgan las necesarias, las que vallan realmente al centro y también las que de alguna manera ronden en pos de lo mismo, es decir, ser lo más difícilmente directo, aunque no siempre resulte lo que espero, es por eso que mejor no escribo.
En estos últimos días Pedro ha estado más solo que otras veces. Una noche terminamos con una botella de tequila y le pregunté, mientras se encendía un cigarro, que cuanto hacía que no se enamoraba, él se disculpó, pero yo le dije que no tenía porqué, que sólo quería saber desde cuando no se enamoraba, el riéndose me dijo que no fuera pendejo, que no se estaba disculpando, que el perdón que había dicho era porque no había escuchado bien la pregunta. Yo estoy seguro que me escuchó perfectamente, si estaba ciego, no sordo, pero prefirió no contestar, era fácil adivinar que ya hacía mucho tiempo de eso, desde antes que dejara de ver.
La horrible mujer que lo llegaba a visitar de vez en cuando había dejado de ir, las cartas de Clara también dejaron de llegar, supuse que ella ya habría muerto con la idea de que su hermana vivía feliz cerca de alguna playa del pacifico, ambos nos sentamos tranquilos de pensar eso. Pero lo peor de la soledad de Pedro, y yo creo que de cualquier soledad, es cuando ésta se daba incompleta, es decir, cuando se tambaleaba entre el estar completamente solo y el estar completamente acompañado. Él no estaba solo pero tampoco se estaba con alguien, y así es como él se mentía y no se podía doler como hubiese querido; no se podía estacionar en ningún sentimiento, se quedaba entre el llanto y la risa, entre el sentir todo y no sentir nada. Esa es la peor de las soledades, la que es espejismo y simple alucine, la que es y no es. Estoy seguro que Pedro coincidía con Sabines cuando hablaba de que ya no quería estar mirándose (o en su caso sintiéndose) los brazos, ya no quería estar todas las noches vigilando cuando se iba a dormir, lo que quería era que pasara algo, morirse de veras o que de veras estuviera fastidiado... Esas medias tintas lo hartaban más que lastimarlo. El dolor es, por lo menos, certeza de algo que es, que va a ser o que nunca será, el estar harto no es mas que más de lo mismo, más de la nada.
Sé que Pedro lo supo, sabía todo lo que pasaba en su casa al rededor de él, muchas noches entre la oscuridad tomaba una pluma que siempre estaba en el mismo sitio esperándolo, y escribía (en esas noches agradecía la ausencia de la maquina de escribir) escribía en hojas que para él eran negras, sin la posibilidad siquiera de poder leer después lo que ahí plasmaba, todo era interpretación y deducción. En noches como esa tenía que adivinar donde acababa he inicia la hoja, de la misma manera como adivinaba cuando acababa y termina la noche, el día, el atardecer. Su soledad inestable, su compañía igual, tambaleante, intermitente, ambas redundantes, no podía ser ya de otra manera aunque él así lo quisiera, sólo le quedaba vivirla y respirarla, ¿pero que es la vida sino eso? Respiraciones y roces con todas las cosas.
Capítulos anteriores:
Cuando te sueltas 1/7 http://leerparacreer2010.blogspot.mx/2012/03/cuando-te-sueltas-17.html
Cuando te sueltas 2/7 http://leerparacreer2010.blogspot.mx/2012/03/cuando-te-sueltas-27.html
Cuando te sueltas 3/7 http://leerparacreer2010.blogspot.mx/2012/05/cuando-te-sueltas-37.html




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