Las experiencia de entrar a una sala de cine vacía es fantástica y desoladora, tantos lugares sólo para ti, y como siempre busqué un lugar al centro de la sala, quedando exactamente frente a esa enorme pantalla blanca. Hay ocasiones que esperando a que empiece la función fantaseo con la idea de que es así como, al morir, regresamos a ver la película de todo lo fue nuestra vida.
Fue así como un día antes de uno de mis cumpleaños entré sólo a una de las salas pequeñas de los cines de angelópolis, de esas que se destinan a cintas que no son taquilleras. El pretexto era "Así en la tierra como en el cielo", (Wie im Himmel) película del director Sueco Kay Pollak, nominada al Oscar como mejor película extranjera en 2005.
No pretendo contar la película, pero es difícil no querer transmitir todo lo que uno siente al ver a Daniel Daréus regresar enfermo a su frió y nevado pueblo natal al sur de Suecia, como el afamado y ahora retirado director de orquesta, pretende dirigir esta vez a un pequeño coro de iglesia que termina tocándolo y cambiándole la vida. Viejos fantasmas que regresan, nuevos que comienzan a crearse, sonidos que tocan los corazones de cada integrante, aprendizajes en bicicleta, amores que transforman, sangrados que provienen de dirigir orquestas y de golpes de una pasado que como suele pasar, nunca se quedó del todo atrás, todo esto envuelto en una excelente música.Debo confesar que el inesperado final que se une con el principio me sacó un par de lágrimas y me hizo permanecer sentado hasta le final de los créditos, usando como catalizador un excelente conjunto coral que hace que se te enchine la piel.
Si he de quedarme con algo es con la idea de Daniel de hacer música para abrir los corazones de la gente, con los ojos y sonrisa de Lena, con la pieza hecha para Gabriella, con el paisaje y las estepas suecas, con el coro que el músico escucha en la última parte, con su sol que enfría, con su nieve que quema, con la importancia de tomar café, pero más que nada con el primer y último minuto, esos que se unen en un extenso campo de trigo, donde la vida se vuelve a unir, donde uno se reencuentra, donde se cierra el circulo, tal y como marcan los principios de la Gestalt... todo es un ciclo, será que soy tan afecto a los regresos.
Y fue así como una vez más fui encontrado en la tierra por un entorno que se quería comunicar conmigo desde el cielo, Wie im Himmel... en todos lados debiera ser igual. La vida es una orquesta: Empecemos juntos. Terminemos juntos.


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